Mi Vida... Sólo Míaa!

Esta es mi Vida, tu ya tienes la tuya. Aconséjame, pero no decidas por mí...

jueves, 6 de diciembre de 2012

Un grupo de amigos especiales

No vamos a empezar como todos los cuentos con "Érase una vez", tampoco se trata de una leyenda, ni una historia cualquiera. Pretende llegar un poquito a los corazones de la gente y abrir las mentes, aunque sea por unos segundos.
Este relato trata de varios adolescentes: un cojo, un chico con parálisis cerebral, otro con síndrome de down, un sordo, un ciego, un chico con autismo y uno "normal", quizás el más pobre de todos, pero no materialmente hablando y el más deficiente de todos.
El normal, bueno, ya todo el mundo sabe lo que hace una persona normal, supongo. Que equivocados están. Resulta que el normal, no destacaba en ninguna materia en particualar, ni era un gran experto en un ámbito determindo, aparte, siempre andaba riendose de los demás, del cojo porque no puede andar, del autista porque se pone nervioso y grita, del chico con parálisis, porque se baba, no se mueve y le dan de comer aún. E incluso de otras personas normales también andaba burlándose siempre, miraba por encima del hombro a todos y andaba por la calle creyéndose el no va más y comiéndose el mundo. Hasta que un día la caida dolio y despertó a la realidad, no era tan importante como el se creia, es más, empezó a ser un marginado, le rechazaban allá donde iba sin ser bien recibido en todos los lugares. 
La suerte le volvio a mirar y se tropezo con el que tiene síndrome de down, le miraba atravesado, pensando que este inferior tambien me rechazara, pero se equivoco de nuevo, lo que recibio fue una gran sonrisa que le cambio. Este lo llevo con sus amigos y descubrio pequeñas virtudes que escondían tras las diferentes capacidades.
El cojo, no andaba bien, no podía jugar al fútbol, ni correr, andaba lento y con dificultades, pero tenía la virtud de ser un gran pintor, podía pintar cualquier tipo de cuadro, plasmar un paisaje o como Picasso, hacer caricaturas peculiares. Lo mismo era imaginado o utilizaba una musa. Cualquier motivo era suficiente para poder pintar. 
El chico con síndrome de down, podía desenvolverse relativamente bien, siempre y cuando no lo sacasen de la rutina diaria, porque aprender de nuevo, significaría grandes esfuerzos y le llevaria mucho tiempo de aprendizaje y enseñanza a la persona que le sirve de guía en la vida. Otra habilidad que tiene es que con una sonrisa alegra a cualquiera.
El sordo, si no oye, pero sabe lengua de signos y si te metes con él, lo mismo te llama feo de cara en su lengua y ni te enteras. El ciego, lo mismo, no ve, pero tiene un GPS metido en su cabeza, se sabe el camino de su casa al super y sabe llegar a cualquier lugar, además se le permite la entrada a muchos lugares con su mejor amigo peludo, de cuatro patas, y nariz húmeda, cosa que a una persona "normal" no le dejan. El que tiene parálisis cerebral, inspira ternura a todo aquel que se le cruza en su camino.
El autista, se encierra en si mismo, con grandes conocimientos en todo lo que concierne a literatura, lo mismo te recita una poesía de Bécquer, te suelta la vida entera de G.G:Márquez, leerse una novela enorme en dos días, o lo mismo se la inventa y para rematar conquista a una mujer recitandole una poesía romantica e inventada.
Desde entonces decidió ser uno más de este peculiar grupo, ayudarles en todo aquello a lo que no podían acceder debido a las barreras que imponía la sociedad, al chico con parálisis le daba la comida con gusto, le limpiaba la boca después de comer, le sonaba los mocos y si podía, hasta le cambiaba los pañales. Comenzó a aprender un poco de la lengua de signos, a leer braille, y escuchaba entusiasmado al autista las historias que se inventaba., sin olvidarnos que sirvió de musa al cojo. 
Comprendió que no podía ir desvalorizando a los demás, ni necesito más rodearse de gente normal para ser feliz, se bastaba con ser uno más de ellos. Dejó de ser el más pobre a ser el más rico y su deficiencia dejo de existir.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

El niño y la flor. Autoestima

Un niño tenía una flor, la cual reflejaba cómo se sentía, cuando estaba abatido o simplemente si se sentia feliz.
Esta flor no es como las demás, es especial, como si tuviese magia, pues no sólo florecía en primavera y marchita en otoño, cuánto más bonita esta, más feliz se encuentra el niño, y si esta muy triste, esta se pone mustia.
Al niño le encantaba ver a su flor siempre muy bella, con lo cual siempre tenía que hacer enormes esfuerzos por estar feliz. Le gustaba mucho salir a jugar con los amigos, jugaba a la pelota, corria por todas las calles a la hora del escondite o de la cogida, y mil juegos más con los niños del barrio. La flor está radiante, en su mayor esplendor.
Buf! Llega la hora de estudiar, le cuesta aprender, se desmotiva, siempre se esta levantando, se desmotiva aún más, lo intenta, se pone, parece que algo le entra, pero tarda mucho para muy poco, se viene abajo. Y así siempre.
Sus papás no lo aceptan, simpre andan pelándose y acusando al hijo de su desdicha. El niño se pone triste y eso, en la flor se nota.
Es el propio niño quien siempre debe estar alavando sus propios méritos, queriendo lo mejor de él mismo, y elogiandose constantemente. Preparando su camino, para poder contemplar a su amiga, la pequeña flor, para que se vea siempre radiante, y sólo es capaz de ser verdaderamente feliz cuando esta con los amigos.

La autoestima es como esa flor, unas veces marchita, otras elegante, pero nunca sabe que esté como esté, conserva su esencia, ser una flor hermosa, y no lo sabrá hasta que no se de cuenta que no depende del niño para verse en su mejor momento.