Mi Vida... Sólo Míaa!

Esta es mi Vida, tu ya tienes la tuya. Aconséjame, pero no decidas por mí...

miércoles, 5 de diciembre de 2012

El niño y la flor. Autoestima

Un niño tenía una flor, la cual reflejaba cómo se sentía, cuando estaba abatido o simplemente si se sentia feliz.
Esta flor no es como las demás, es especial, como si tuviese magia, pues no sólo florecía en primavera y marchita en otoño, cuánto más bonita esta, más feliz se encuentra el niño, y si esta muy triste, esta se pone mustia.
Al niño le encantaba ver a su flor siempre muy bella, con lo cual siempre tenía que hacer enormes esfuerzos por estar feliz. Le gustaba mucho salir a jugar con los amigos, jugaba a la pelota, corria por todas las calles a la hora del escondite o de la cogida, y mil juegos más con los niños del barrio. La flor está radiante, en su mayor esplendor.
Buf! Llega la hora de estudiar, le cuesta aprender, se desmotiva, siempre se esta levantando, se desmotiva aún más, lo intenta, se pone, parece que algo le entra, pero tarda mucho para muy poco, se viene abajo. Y así siempre.
Sus papás no lo aceptan, simpre andan pelándose y acusando al hijo de su desdicha. El niño se pone triste y eso, en la flor se nota.
Es el propio niño quien siempre debe estar alavando sus propios méritos, queriendo lo mejor de él mismo, y elogiandose constantemente. Preparando su camino, para poder contemplar a su amiga, la pequeña flor, para que se vea siempre radiante, y sólo es capaz de ser verdaderamente feliz cuando esta con los amigos.

La autoestima es como esa flor, unas veces marchita, otras elegante, pero nunca sabe que esté como esté, conserva su esencia, ser una flor hermosa, y no lo sabrá hasta que no se de cuenta que no depende del niño para verse en su mejor momento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario