
De niña quería huir, sintiendo la necesidad profunda de hacerlo, de escapar, de no estar más en esa situación, observando odio y destrucción que afectan en lo más adentro.
De pronto crecí un poco y esa "angustia" desapareció, no era esclava de palabras ni de terceros ni de cuartos, pero en gran parte, seguían influyendo segundas perosnas. Sólo sé que esa necesidad de salir corriendo, escapar, refugiarme en uno de mis rincones, no era necesario, quería quedarme experimentar esa "libertad" que tanto ansiaba y porfín después de tantos años de espera, llegó ese día, 18 cumpleaños,...
Quedarme con las amistades que había hecho, disfrutar de mi vida con ellas, sintiendo esa sensación de no ser una pelota de tenis que atraviesa el campo de un lado a otro y recibe raquetasos. Miedo a perderlas y que dejasen, apesar de todo, de llenarme y aportarme tanto calor y compañía, corrección y armonía. Aprendiendo cosas nuevas el día a día. Seguir conociendo amistades.
Pasado un poco el tiempo, me tocó partir, desesperación, miedo a perder el cariño de la gente, se apoderó de mí. Me vino la posibilidad de quedarme, pero ya era tarde y, gracias a los consejos de la gente, me fui. Al principio, entre timidez, encaje bien, me costaba acostumbrarme a la vez que abría huecos a otros que estaban igual que yo, en una nueva experiencia de su vida.
Luego la cosa cambió, quería volver deseperadamente, al borde del borde de la depresión me encontraba, se iba la persona que más me quería, y no podía hacer nada para despedirme, sólo el telefóno, y ni siquiera eso, ya era tarde, la voz se la comieron. Una promesa le hice hacer, vernos en un par de meses, pero no lo consiguió, no pudo aguantar y se marchó, cerrando sus ojitos para siempre, cuando intentaba seguir adelante. De camino, a lo que yo esperaba que fuese un encuentro con él, sin él saberlo, recordé toda mi vida junto a él. ¿Quién sabe? Quizás fue él que desde allí quería que nos diésemos el último adiós, evitándome un sufrimiento mayor.
De pronto, resurgí volvía a adaptarme poco a poco, pero con fracaso. ¿Quién me diría a mí que su ausencia traería tantos problemas? Me vería en un bucle sin salida, en un tornado de sentimeintos y rencores, del que aún hoy me cuesta salir.
Apenas percibo el contacto de mis amistades, pero sé que están ahí para cuando vuelva, dicen que aproveche la experiencia. A veces buenas, otras malas, intento vivir el día a día, mi propia vida sin depender de allí, de los que me reconfortan, pero ya estoy marcada por la no despedida.
Un gran palo durante estos años, y pequñas decepciones sumado a que costó adaptarme. La gente que me conoce bien dice que me han venido bien estos tres años, que he madurado más.
Y aunque no me arrepiento de haberla vivido, deseo que acabe ya esta etapa, volver a mi hogar, a mi tierra, si hace falta empezar otra, seguir creciendo, pero al lado de casa, teniendo presente siempre mi otro rincón y la gente que he conocido durante este gran largo viaje.
Por ustedes, por él y, sobre todo por mí, me gradúo, sin ser aún diplomada con título universitario, pero si en sentimientos. Gracias a los que me apoyan y a los que no lo hacen siempre, pero que en alguna ocasión lo han hecho, ya sea en una conversación, en experiencias vividas,... Tienen en mí a una amiga, alguien en quien confiar.
Por cierto, en mi profesión no sólo cuenta que sepas, también tienes que tener paciencia, amor y delicadeza, Si no tienes esto, mejor no te dediques a ello.
No hay comentarios:
Publicar un comentario