Esa sensación que recorre mi cuerpo cuando llego, ese olor característico que me llena de tanto, sintiendo mis raíces, que envuelve todo mi ser, todo mi cuerpo y me hace estar orgullosa de, en cierto modo, formar parte de su historia, pues no nací pero me siento como si fuera tambien de allí, mi segundo hogar, mi segunda tierra, esa que me vio crecer en ocasiones cuando iba a su encuentro, casi todos los veranos una o dos semanas. La fiesta y su gente. Su patrona.
Un lugar emblemático, que lleva la cultura en su sangre.
Un rincón hermoso donde encontrarte con gente que te saque una sonrisa, y poder respirar aire puro, al pie de su Sierra, donde se encuentra su Virgen, y entre olivos con preciosas vistas que te hacen soñar. Sin olvidar su río y sus parques por dónde verlo pasar, y cómo no, la vía verde camino de lo que eran vías de trenes, transformado en acogedor lugar para descansar.
Donde, a veces, ciclistas profesionales en su tour pasan.
Así es Cabra. Tierra de mis raíces.
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